Pastoral del Canto Liturgico

COMENTARIO A LA REFORMA DEL AÑO LITÚRGICO Y DEL CALENDARIO ROMANO GENERAL
Texto del "Consilium" para la aplicación de la Sacrosanctum Concilium *
La Constitución Sacrosanctum Concilium, al tratar del Año litúrgico en el capítulo V, expone en primer lugar la importancia del mismo (SC, 102-106) y después dispone que sea sometido a revisión según las normas establecidas por la misma Constitución (SC, 107-111): La santa Madre
Iglesia considera que es su deber celebrar la obra de salvación de su divino Esposo con un sagrado recuerdo, en días determinados a lo largo del año... Al conmemorar así los misterios de la redención, abre la riqueza de las virtudes y de los méritos de su Señor, de modo que se los hace presentes en cierto modo, durante todo tiempo, a los fieles para que los alcancen y se llenen de la gracia de la salvación (102). Para lograr plenamente este objetivo dispone que se revise el Año litúrgico de modo que, conservadas o restablecidas las costumbres y enseñanzas tradicionales de los tiempos sagrados, de acuerdo con las circunstancias de nuestro tiempo, se mantenga su carácter primitivo para alimentar debidamente la piedad de los fieles en la celebración de los misterios de la Redención cristiana, sobre todo del mismo misterio pascual (107).
La reforma del Año litúrgico se inserta en la reforma litúrgica general, de la que la misma Constitución determinó las leyes: Debe preceder siempre una minuciosa investigación teológica, histórica y pastoral sobre cada una délas partes de la liturgia que se han de revisar. Además, deben tenerse en cuenta no sólo las leyes generales de la estructura y mentalidad litúrgica, sino también la experiencia que dimana de la reforma litúrgica y de los permisos concedidos en diferentes lugares (SC, 23). Para nutrir debidamente la piedad de los fieles, los ritos de la Misa y de los Sacramentos, deben resplandecer por su noble simplicidad, ser diáfanos en su brevedad y sin inútiles repeticiones, sin que deban tener necesidad, generalmente, de muchas explicaciones (cf. SC, 34).
Con este espíritu, y guiado por los principios establecidos por la Constitución, el "Consilium" para la aplicación de la Constitución sobre la sagrada Liturgia, emprendió, ya en 1964, la revisión del Propio del tiempo y del Propio de los Santos. En octubre de 1966 se encontraba ya preparado un ejemplar del nuevo calendario para ser sometido a examen por los miembros del "Consilium" en su séptima sesión plenaria. Éstos lo aprobaron el 12 de octubre; y el 17 de abril de 1967 el Presidente del "Consilium" puso en manos del Sumo Pontífice un ejemplar del mismo.

Capítulo primero

EL PROPIO DEL TIEMPO
El principal recuerdo sagrado con el que la Iglesia en días determinados a lo largo del año celebra la obra de la salvación de Cristo es el recuerdo semanal y anual del misterio pascual. Cada semana, en el día que llamó "del Señor", conmemora su resurrección, que una vez al año celebra también Junto con su santa pasión, en la máxima solemnidad de la Pascua (SC, 102).
El pleno desarrollo del misterio de Cristo a lo largo del año, desde su Encarnación y Nacimiento hasta su venida gloriosa, tiene su cumbre en esta doble celebración, semanal y anual, de la Pascua. La revisión del Propio del tiempo ha orientado su objetivo ha hacer que se exprese claramente esta realidad.
I. La CELEBRACIÓN DEL MISTERO PASCUAL 1. La celebración semanal del misterio pascual
La Constitución litúrgica conduce hasta el final y completa las iniciativas de los Sumos Pontífices san Pío X, Pío XII y Juan XXIII para dar a la liturgia del domingo aquella dignidad originaria de día festivo primordial, fundamento y núcleo de todo el año litúrgico (SC, 106).
Queda aún mucha labor catequética por hacer, para presentar e imprimir esta realidad en la mente de los fieles: no obstante, la mayor abundancia de oraciones, el uso del nuevo Leccionario, por medio del cual en un espacio determinado de años se leen al pueblo las partes más importantes de la Sagrada Escritura (SC, 51), la observancia de las normas de la Instrucción de la Sagrada Congregación de Rito De cultu mysterii eucharistici sobre la celebración del memorial del Señor (nn. 25-28) secundarán más el deseo del Concilio lo que podría conseguir la misma reforma de las rúbricas.
Es preciso hacer observar que, gracias a esta nueva reforma del año litúrgico, los domingos del tiempo pascual podrán gozar de la misma importancia que los domingos de Adviento y de Quaresma: por tanto, al menos veinte domingos tendrán precedencia incluso sobre las solemnidades; y éstas, sobre todo las propias de un territorio determinado o de una familia religiosa, han disminuido en número. De esta manera se lleva a la práctica la prescripción conciliar: No debe anteponerse a ésta (es decir, a la del domingo) ninguna otra solemnidad, a no ser que sea realmente de gran importancia (SC, 106).
Aunque el día litúrgico, como el día astronómico, transcurre de medianoche a medianoche, para la celebración del domingo la Iglesia ha conservado la costumbre bíblica de computar la tarde como inicio del día -pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero (Gn 1.5)-: de hecho, según la expresión de san León Magno, el domingo es el día de la resurrección del Señor, cuyo inicio, como es bien notorio, quedó establecido en la tarde del sábado.1
Ésta es la verdadera razón por la que siempre se han celebrado las primeras Vísperas del domingo y por la que la Sede Apostólica, para responder a las necesidades de nuestro tiempo, concedió, a las
Conferencias Episcopales que lo pidieron, la facultad de anticipar a la tarde del sábado la Misa del domingo siguiente.
2. La celebración anual del misterio pascual
Ya el papa Pío XII, en 1951 yen 1955, determinó la reforma, en gran parte, de la celebración anual del misterio pascual. Ahora, se trata de completar esta obra.
A) LAS FIESTAS PASCUALES
1) El Triduo pascual
A fin de que los fieles comprendan adecuadamente que el Triduo sacro no constituye una preparación de la solemnidad de Pascua, sino que es verdaderamente, según la expresión de san Agustín, el triduo
santísimo del crucificado, sepultado y resucitado,2 este triduo se iniciará con la Misa vespertina de la Cena del Señor, que abre la celebración de la sagrada Pasión.
Para que aparezca de manera más mani fiesta que la Pascua de Cristo consta de su muerte y de su resurrección, es decir, de la novedad de vida que brota de la muerte redentora, de ahora en adelante el Triduo sagrado se denominará Triduo pascual Por otra parte, el mi smo Conci 1 io consagró en cierta medida este término cuando llamó al ayuno del viernes de la Pasión del Señor y del Sábado Santo ayuno pascual (SC, 110).
2) La Vigilia pascual
La nueva reforma de la Semana Santa ha cambiado muy pocas cosas en cuanto a los ritos del Jueves en la Cena del Señor y del Viernes de la Pasión del Señor. Pero, en cuanto se refiere a la Vigilia pascual, culmen de todo el año litúrgico, ha quedado más determinado a qué hora debe celebrarse y se han reformado algunos ritos de la misma.
La celebración de la Vigilia pascual debe desarrollarse por entero de noche, de manera que no comience antes del inicio de la noche y debe acabar antes del alba del domingo. Dentro de estos límites de tiempo, se preferirá aquella hora que más favorezca la afluencia de la comunidad local.
En cuanto se refiere a los ritos, la principal innovación está en haber transferido la celebración del bautismo a después del Evangelio y de la homilía de la Misa, de manera que la liturgia de la palabra de Dios, que comprende lecturas del Antiguo y del Nuevo Testamento, prepare enteramente a los fieles para celebrar con gran fe los sacramentos de la iniciación cristiana, y el bautismo, que incorpora a la muertey resurrección de Jesucristo (cf. Rm 6,3-11), se celebre después del anuncio de su resurrección.
Además, se han abreviado los ritos de la bendición del fuego, de la procesión del cirio pascual y el canto del anuncio de la Pascua, con objeto de poder dejar más espacio de tiempo para las lecturas; en cuanto a las lecturas, la liturgia reformada presenta un buen número del Antiguo Testamento (de las cuales, al menos dos deben ser obligatoriamente proclamadas).
También la liturgia bautismal, juntamente con las letanías de los santos que se encuentran al inicio de la misma, ha sido abreviada, de acuerdo con el nuevo Ritual del Bautismo.
Una vez la comunidad ha renovado la profesión de fe bautismal, se continúa con el ofertorio de la Misa.
3) El tiempo pascual
La reforma del tiempo pascual comporta los siguientes cambios.
La duración del tiempo pascual.- La estructura original del tiempo pascual señala para el mismo una duración de cincuenta días: Oh Dios; que has querido que el sacramento pascual quedara ubicado en el misterio de cincuenta días.3 Comienza, por tanto, con la vigilia pascual y acaba con el domingo de Pentecostés. Es esto de lo que da testimonio la tradición más antigua y universal de la Iglesia, que siempre celebró como una única fiesta el período de Pentecostés,4 las siete semanas del santo Pentecostés.5 Y ésta era antes, ciertamente, la práctica de la liturgia romana en tiempos de san León Magno. Pero cuando se empezó a celebrar la fiesta de Pentecostés como si únicamente fuera la venida del Espíritu
Santo sobre los apóstoles (en el siglo VII) y la unión vital del día de Pentecostés con el tiempo pascual cayó en el olvido, incluso se asignó una octava a la fiesta de Pentecostés.
Los estudios sobre el misterio pascual llevados a cabo en este siglo, permitieron volver a descubrir la íntima vinculación entre el don del Espíritu Santo y la resurrección y ascensión del Señor, hasta el punto que muchos habían expresado el deseo que se suprimiera la octava de Pentecostés: es lo que se ha hecho.
Normas para la celebración de los cincuenta días. - Para que se exprese de manera más evidente que los cincuenta días del tiempo pascual, según lo que dice san Atanasio, son como un solo día o como un gran domingo,6 los domingos del tiempo pascual, de ahora en adelante, ya no se denominarán Domingos después de Pascua, sino Domingos de Pascua y, por tanto, el Domingo "in albis" será el Domingo segundo de Pascua y los siguientes Domingos serán el tercero y el cuarto de Pascua; y así
sucesivamente.
La solemnidad de la Ascensión se celebra en el día cuarenta después de Pascua: pero en aquellos lugares en que no se celebra como fiesta de precepto, se traslada al domingo siguiente, es decir, al Domingo VII de Pascua.
La octava de Pentecostés, como se ha dicho, ha sido suprimida; sin embargo, las ferias que transcurren entre la solemnidad de la Ascensión y la de Pentecostés revisten una particularimportancia: están enriquecidas, de hecho, con formularios propios, con los que se recuerdan a nuestra mente las promesas de Cristo referentes a la efusión del Espíritu Santo.
Según la nueva disciplina de las Misas vigiliares, laMisa de la Vigilia de Pentecostés; de ahora en adelante no se celebrará ya más durante la mañana del sábado; se puede celebrar sólo por la tarde, como primera Misa del día de Pentecostés.7
Textos.-Después de la octava de Pascua, que conserva los textos tal como se encuentran en la actualidad, cada feria del tiempo pascual tiene su oración (o colecta) propia.
A lo largo de todo el tiempo pascual se leerán los Hechos de los Apóstoles, de acuerdo con la antigua costumbre, atestiguada por san Juan
Crisóstomo8 y por san Agustín, que dice: Este libro se empieza a leer el Domingo de Pascua, según es costumbre en la Iglesia.9 Igualmente se hará con la lectura del Evangelio según san Juan; aunque esta lectura se inicia ya hacia la mitad de la Cuaresma.
B) EL TIEMPO DE PREPARACIÓN O CUARESMA
La Constitución sobre laSagradaLiturgiaestablecequcí/tf/^/wrc^rs*' más de relieve el carácter doble del tiempo cuaresmal, es decir, su carácter bautismal y su carácter penitencial (SC, 109).
Sobre todo en la reforma de la Cuaresma, la voluntad de devolver a la liturgia su noble simplicidad y de adaptarla a la capacidad de comprensión de los fieles reclamaba que se dejasen de lado los elementos de menor importancia, a fin de que los elementos principales cobraran mayor valoración.
1) La duración del tiempo de preparación
Duración de cuarenta días- La pri miti va naturaleza de la Cuaresma, según lo que su misma denominación indica, puso el acento en la penitencia de toda la comunidad y de cada fiel en particular, llevada a cabo a lo largo de cuarenta días.
Para determinar la duración de cuarenta días, a fin de que los cristianos se prepararan para la celebración de la solemnidad pascual, ciertamente que tuvo un gran peso la tipología bíblica de los cuarenta días, es decir el ayuno de cuarenta días de nuestro Señor Jesucristo; los cuarenta años que pasó el pueblo de Dios en el desierto; los cuarenta días que pasó Moisés en el monte Sinaí; los cuarenta días durante los cuales Goliat, el gigante filisteo, se enfrentó a Israel, hasta que David avanzó contra él, lo abatió y lo mató; los cuarenta días durante los cuales Elias, fortalecido con el pan cocido en las cenizas y con agua, caminó hasta Horeb, el monte de Dios; los cuarenta días durante los cuales Jonás predicó penitencia a los habitantes de Nínive.
En la época de los Padre de la Iglesia, los cuarenta días de la Cuaresma se contaban desde el primer Domingo de Cuaresma hasta el jueves "en la Cena del Señor", tal como se lee en los sermones de san León Magno. El Misal y el Breviario Romano habían conservado hasta la actualidad el recuerdo y la práctica de esta manera de contar los días de la Cuaresma.
Sin embargo, la costumbre de empezar el ayuno cuaresmal desde el miércoles precedente al primer Domingo de Cuaresma es muy antiguo (siglos VI- VII). De ahí que el rito de la imposición de la ceniza establecido para aquel día tuvo tal influencia que hizo que el Miércoles de Ceniza alcanzara, en la práctica común de los fieles, una difusión mayor que la de muchos otros días más solemnes.
Este es el motivo por el que se ha creído oportuno que no debía hacerse reforma alguna para restituir a la santa "Cuaresma" la plenitud de su simbolismo tal como se hizo con el "Pentecostés" pascual.
Tiempo de Septuagésima y tiempo de Pasión- Si bien el comienzo de la Cuaresma se ha mantenido en el Miércoles de Ceniza debido a su carácter popular, la supresión, poruña parte, del tiempo de Septuagésima, que constituía como una cierta ampliación y anticipación del tiempo cuaresmal, y la reducción, por otra parte, del Tiempo de Pasión, debido a que provocaba una cierta ruptura, reconducen la santa Cuaresma a su primitiva unidad e importancia.
El tiempo de Septuagésima ha sido suprimido; de hecho, no presentaba ningún elemento propio y en el Oficio Divino se debían utilizar las partes del Ordinario de durante el año. No resultaba nada fácil hablar al pueblo de lo que significaba (¿qué podían significar, de hecho, las expresiones Septuagésima, Sexagésima, Quincuagésima?) y, sobre todo, excluían la característica de novedad a la liturgia penitencial de la Cuaresma, anticipándola al inicio de la misma.
Los textos propios de estos tres domingos tendrán otra utilización en el Misal romano: el Aleluya se cantará hasta el Miércoles de Ceniza exclusive.
El Tiempo de Pasión se reduce de manera que se conserva la unidad interna de la Cuaresma y el Domingo que hasta ahora se denominaba I de Pasión será el Domingo V de Cuaresma, como en el rito ambrosiano; y el domingo siguiente, con el que comienza la Semana Santa, será el Domingo de Ramos, de la Pasión del Señor.
De ahora en adelante la cruz y las imágenes de los santos ya no se
cubrirán, excepto en aquellas regiones en las que la Conferencia Episcopal determine la conveniencia de conservar esta costumbre; en los últimos días de Cuaresma, la piedad de los fieles se orientará a la contemplación de la Pasión del Señor.
La Semana Santa - Bajo la denominación de Semana Santa se agrupan los últimos días de Cuaresma y el inicio del Triduo pascual.
La Semana Santa se inicia con la procesión, que recuerda la entrada mesiánica de Jesucristo en Jerusalén, y con la Misa en la que se lee la Pasión según uno de los evangelios sinópticos; de hecho, la lectura de la Pasión según Juan queda reservada al Viernes de la Pasión del Señor.
Donde las condiciones locales impidan que la procesión con las palmas se desarrol le a lo largo de las calles de la ci udad, la conmemoración de la entrada de Jesucristo en Jerusalén puede celebrarse con un rito más sencillo; de esta manera, de ahora en adelante, esta conmemoración se celebrará en todas las Misas, al menos por medio del canto de entrada.
El martes y el miércoles de la Semana Santa ya no se hará la lectura de la Pasión del Señor; el Evangelio de la Misa de estas ferias se toma del relato de las palabras y hechos del Señor de la última semana antes de su Pasión.
El jueves de la Semana Santa sigue siendo el día propio en el que el Obispo, rodeado de su presbiterio, bendice los óleos santos y prepara y bendice el crisma.
2. Carácter penitencial y bautismal de la Cuaresma
Nunca has faltado en la liturgia romana los textos penitenciales y las lecturas que presentaran los principales elementos de la catequesis prebautismal. Sin embargo, estos textos, desde mucho tiempo atrás, habían sido trasladados de las Misas dominicales a las Misas feriales y algunos de ellos habían sido abolidos (especialmente las oraciones por los catecúmenos). Siendo así que el Concilio decretó que se pusiera más en evidenci a el carácter bautismal y penitencial de la Cuaresma, la atención de los responsables de la reforma puso de nuevo en ellos su atención.
Las lecturas: las lecturas para las Misas de los domingos se han escogido teniendo presente el objetivo de presentar a los fieles la invitación de los profetas a la penitencia, así como, por medio de un ciclo de tres
años, una síntesis de todo el misterio de la salvación; también se han vuelto a tomar los principales textos del Evangelio que, durante los primeros siglos, se leían a los catecúmenos para prepararles al bautismo. Estas lecturas se presentan ahora a todos los fieles; de hecho, durante el camino de la santa Cuaresma, toda la Iglesia, juntamente con aquellos que han de recibir el bautismo, recuerda su iniciación cristiana.
Las oraciones: el hecho de restablecer las oraciones por los catecúmenos no ofrece dificultad alguna; no obstante, la reforma de las oraciones penitenciales exige que se adapten a las circunstancias modernas de la penitencia, según el espíritu de la Constitución Apostólica Pcenitemini (1966). El prefacio para los domingos de Cuaresma, publicado en 1968, es índice de cuál es el camino seguido en esta reforma.
II. LA CELEBRACIÓN
DE LA MANIFESTACIÓN DEL SEÑOR
Si bien la Iglesia celebra, a través del curso del año, el misterio pascual, sobre todo por medio de la memoria semanal del Señor y cada día por medio de la celebración del memorial eucarístico, sin embargo, según lo que nos recuerda el Concilio, en el ciclo del año desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación y el Nacimiento hasta... la expectativa de la feliz esperanza y venida del Señor (SC, 102).
La Iglesia celebra la memoria de la manifestación del Señor sobre todo por medio de los tiempos litúrgicos de Adviento y Navidad. La reforma de esta parte del año litúrgico no reclamaba, de hecho, grandes cambios.
Sólo era necesario simplificar algunos elementos y aumentar el número de los textos eucológicos, enriquecer cada una de las ferias de este tiempo con una oración o colecta propia.
1. El tiempo de Navidad
Duración- El tiempo de Navidad comienza con la Misa de la Vigilia de Navidad, quees IaMisaque puede celebrarse facultativamente durante las horas vespertinas del 24 de diciembre, tal como se ha dicho a propósito de la vigilia de Pentecostés, y acaba con el domingo que cae después del 6 de enero.
A propósito de la celebración de la vigilia es necesario recordar que
la noción medieval de vigilia, es decir, de un día penitencial que precedía a la fiesta, en la reforma litúrgica ha quedado completamente abolida. Si se exceptúa la Vigilia pascual, que debe celebrarse a lo largo de la noche santísima, con el nombre de Misa de la vigilia se indica, de ahora en
adelante, la Misa que se puede celebraren las horas vespertinas, con rito festivo, bien sea antes o después de las primeras Vísperas de alguna solemnidad.
Por este motivo sólo tienen Misa de vigilia las solemnidades de Pentecostés y de Navidad (en el Propio del tiempo) y las del Nacimiento de san Juan Bautista, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, y de la Asunción de la Virgen María (en el Propio de los Santos).
Normas para la celebración de este tiempo.- La solemnidad de la Navidad del Señor, además de la Misa de la vigilia, conserva, según la tradición, las tres Misas, en la noche, la aurora y el día.
El domingo que cae dentro de la octava se celebra la fiesta de la Sagrada Familia.
Dentro de la octava de Navidad se celebran las fiestas de san Esteban, de san Juan Evangelista y de los Santos Inocentes.
En de la octava de Navidad (1 de enero), se celebra, según la antigua costumbre romana, de la que se conservaron hasta la actualidad testimonios de la misma en la Misa y en el Oficio, la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios.
El domingo que cae entre el 2 y el 5 de enero se denomina Domingo // después de Navidad.
La fiesta del Santísimo Nombre de Jesús, instituida en 1721, ha sido suprimida, porque la imposición del Nombre de Jesús ya se recuerda en el Evangelio de la Misa del día 1 de enero.
No ha sido objeto de reforma alguna la Solemnidad de la Epifanía
del Señor. Sin embargo, allí donde la solemnidad no se celebra como fiesta de precepto se traslada al domingo de después de la octava de Navidad (es decir, el que cae entre el 2 y el 8 de enero).
El domingo siguiente al 6 de enero se celebra la fiesta del Bautismo del Señor. Allí donde esta fiesta coincide con Iasolemnidad de laEpifanía -trasladada a este domingo-, en estos lugares, aquel año, la fiesta del Bautismo se traslada.
2. El tiempo de Adviento
Finalidad y espíritu de este tiempoMientras que el tiempo pascual y la Cuaresma, así como lacelebración de la Navidad y de la Epifanía del Señor, son comunes a todos los ritos, el tiempo de Adviento es propio de Occidente. Se instituyó para que los fieles se preparasen a la celebración de la Navidad, pero al cabo de poco tiempo asumió también un significado escatológico: recuerda, de hecho, la doble venida del Señor, es decir, su venida entre los hombres y su venida al fin de los tiempos.
En la reforma litúrgica, el Adviento mantiene su duración, es decir, cuatro semanas; sin embargo, no es considerado tanto un tiempo penitencial como un tiempo de espera gozosa.
El hecho de que en los domingos de este tiempo no se recite el Gloria se debe a un motivo distinto de aquél por el que se omite en el tiempo de Cuaresma. El motivo es para que el himno angélico resuene con toda su novedad en la noche de Navidad.
Normas para la celebración de este tiempoPor más que los textos litúrgicos de Adviento confieren aeste tiempo una característica de unidad, que resplandece sobre todo en la lectura casi diaria del profeta Isaías, sin embargo el Adviento puede considerarse dividido en dos partes; cada una de ellas tiene su particular importancia, actualmente muy bien expresada en los dos nuevos prefacios.
Desde el domingo I de Adviento hasta el 16 de diciembre, la liturgia expresa el aspecto escatológico del Adviento, elevando las mentes a la espera de la segunda venida de Cristo.
Del 17 al 24 de diciembre se encuentran, bien en la Misa, bien en el Oficio, formularios propios para cada día, para que las mentes se preparen más directamente a la celebración de la Navidad del Señor.
El domingo IV de Adviento, por medio de las lecturas de la Misa aparece como el domingo de los Patriarcas del Antiguo Testamento y de la bienaventurada Virgen María en espera del Nacimiento del Señor.
III. EL CICLO DEL "TIEMPO ORDINARIO" 1. El tiempo "ordinario"
Además de los tiempos dedicados a la celebración del misterio pascual y de la venida de Cristo entre los hombres, quedan aún, en el
curso del año, treinta y tres o trenta y cuatro semanas; constituyen el ciclo que comúnmente se denomina per annum ("tiempo ordinario").
Hasta el momento presente este tiempo se dividía en dos partes, cuya duración variaba de un año a otro, según la fecha de Pascua: se distinguía, de hecho, el tiempo de después de Epifanía y el tiempo de después de Pentecostés.
Los textos de las Misas de los domingos de después de Epifanía que no se podían usar debido al inicio de la Cuaresma, se usaban antes del último domingo de después de Pentecostés.
De ahora en adelante, de hecho, las treinta y cuatro semanas del tiempo ordinario constituyen una unidad: la primera semana comienza después de la fiesta del Bautismo del Señor, es decir, el lunes siguiente al domingo posterior al 6 de enero. Las semanas van siguiendo hasta el Miércoles de Ceniza. El lunes después de Pentecostés se reemprenden aquellas semanas que siguen a la última semana celebrada antes de la Cuaresma y así se prosigue hasta el domingo 1 de Adviento.
Cada domingo tiene propias las oraciones, las lecturas y los cantos. Los días feriales, las oraciones y los cantos se pueden tomar libremente de alguno de los treinta y cuatro formularios de la Misa.
2. Las solemnidades móviles del "tiempo ordinario"
Las solemnidades móviles del Señor, que caen dentro del "tiempo ordinario", casi no han sufrido cambio alguno: el primer domingo que sigue a Pentecostés se celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad; el jueves siguiente lasolemnidad del Santísimo Cuerpo de Cristo y el viernes de la semana siguiente la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.
La solemnidad del Santísimo Cuerpo de Cristo es también la celebración de la Preciosísima Sangre de nuestro Señor Jesucristo, tal como aparece claramente en los textos de la Misa y del Oficio y por cuanto se desprende de la Bula del papa Urbano IV con la que se instituía la fiesta en 1264.
Allí donde esta solemnidad no se celebra como fiesta de precepto, se traslada al domingo siguiente a la Santísima Trinidad.
La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús continúa siendo, como antes, celebrada el viernes, porque el viernes es considerado como día conmemorativo de la Pasión del Señor; sin embargo, los textos litúrgicos han sido sometidos a reforma, según el espíritu de la Encíclica Haurietis aquas, del papa Pío XII.
El último domingo del "tiempo ordinario" se celebra la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo, en substitución de la fiesta instituida por el papa Pío XI en 1925 y situada en el último domingo de octubre. De esta manera se pone más en evidencia el significado escatológico de este domingo.
3. Las Rogativas y las Cuatro Témporas
La Iglesia -como se lee en la Constitución sobre la sagrada Litur¬gia-, en diversos tiempos del año, de acuerdo con las enseñanzas tradicionales, completa la formación de losfieles mediante ejercicios de piedad espirituales y corporales: la instrucción, la plegaria, la penitencia y las obras de misericordia (SC, 105). Entre estas celebraciones que tienen lugar en diversos tiempos determinados, es preciso señalar las Letanías mayores (25 de abril), las Letanías menores o Rogativas y las Cuatro Témporas.
Las RogativasLas Letanías mayores han sido suprimidas, porque tenían su origen en un rito estrictamente local de la Iglesia romana; con la institución de esta procesión, los Romanos Pontífices querían sustituir, de hecho, con un rito cristiano, la antigua costumbre heredada de los cultos paganos.
Las Rogativas, instituidas en la Galia por san Mamerto, Obispo de Viena, hacia el 475, tenían su origen en las plegarias públicas elevadas a Dios, juntamente con el ayuno, para alejar las calamidades. Se convirtieron después en procesiones lústrales del tiempo de primavera, para obtener del Señor que se dignase dar y conservar los frutos de la tierra.
Es evidente, por tanto, que las Rogativas no pueden celebrarse los mismos días en cualquier lugar, y que no pueden tener el mismo significado o la misma importancia en la ciudad o en el campo; por eso se pide a las Conferencias Episcopales que regulen su celebración.
Las Cuatro TémporasLas Cuatro Témporas fueron, inicialmente, semanas dedicadas a la acción de gracias por los frutos de la tierra, cuyas primicias se consagraban a Dios. Se recomendaba a los fieles que, tal como se hacía en la Cuaresma, santificasen estos días con el ayuno, la limosna y la oración. Y, puesto que en estas semanas, más que en las otras, los fieles cultivaban más intensamente la vida espiritual, llegó a parecer como algo oportuno que en estos días tuvieran lugar las sagradas Ordenaciones.
Como se ha dicho en relación a las Rogativas, también la regulación de la celebración de las Cuatro Témporas se pide que lo hagan las Conferencias Episcopales y las Misas propias de las Cuatro Témporas no tendrán ya su lugar en el Propio del tiempo sino que se colocarán entre las Misas votivas.
En nuestro tiempo, en el que todos los hombres sienten de manera muy acuciante los graves problemas de la paz, de la justicia, del hambre, es muy oportuno que el ciclo de la penitencia y de la caridad cristiana, vinculado con las cuatro estaciones del año, se vuelva a vivir con sus
valores primitivos.
Es conveniente, por tanto, que en cada región, teniendo en cuenta las circunstancias y las costumbres locales, se encuentre la manera más adecuada de observar la liturgia de las Cuatro Témporas y de consagrarla al servicio de la caridad.
IV. LA FIJACIÓN DE LA SOLEMNIDAD DE PASCUA EN UN DOMINGO
DETERMINADO
Habrá quien se admire por el hecho deque se reforme el año litúrgico sin que se fije la solemnidad de Pascua en un domingo determinado.
Es preciso hacer notar que, si bien sea éste un deseo de todos los cristianos, necesariamente deben transcurrir muchos años para que se pueda fijar esta solemnidad en un domingo determinado. De hecho, el Concilio Ecuménico Vaticano II estableció que esta reforma no se hiciera
a no ser con el consentimiento de todos los interesados, sobre todo de los
hermanos separados de la comunión con la Sede Apostólica (Apéndice a la Constitución sobre Liturgia).
Ya actualmente, quienes presiden las Iglesias orientales han puesto este tema en el orden del día de sus Sínodos; con todo, parece que queda aún un largo camino antes que pueda llegarse a una decisión común. La Iglesia ortodoxa, sobre todo antes de su Concilio universal, que en este momento se encuentra sólo en la fase preparatoria, ciertamente que no determinará nada sobre esta cuestión.
Mientras esperamos que entre todos los cristianos se llegue a este

(1552), san Ignacio de Loyola (1556), mientras que poco tiempo después morían santa Teresa de Avila (1582) y san Carlos Borromeo (1584). Pero fueron también otros los motivos para introducir algunas fiestas: muy a menudo los príncipes cristianos y las familias religiosas solicitaron a los Sumos Pontífices que los santos de su nación o de su familia religiosa fueran celebrados por la Iglesia universal; por otra parte, se multiplicaron las fiestas de devoción; además, antes de la reforma de san Pío X fueron introducidas y aceptadas con agrado, muchas fiestas en el calendario, para abreviar los Maitines dominicales y feriales en los que debían recitarse, respectivamente, dieciocho y doce salmos enteros (es deci r, sin división), mientras que los Maitines de las fiestas tenían asignados nueve salmos más bien cortos.
El Propio de los Santos, por tanto, había aumentado demasiado en detrimento del Propio del tiempo, por medio del cual se celebrad misterio de la salvación. A principio de este siglo los formularios de las Misas de los domingos del "tiempo ordinario" y los de las ferias del tiempo de Cuaresma raramente llegaban a utilizarse. Algunos Sumos Pontífices (por ejemplo, Benito XIV, san Pío X, Pío XII) se dieron cuenta de que el calendario debía reformarse y debía disminuir el número de las fiestas y determinaron que así se hiciera, pero por diversos motivos no Ies fue posible llevar a buen término su propósito.
Finalmente, el Concilio Ecuménico Vaticano II determinó lo siguiente: Para que las fiestas de los santos no prevalezcan sobre las fiestas que conmemoran los misterios propios de la salvación, debe dejarse la celebración de muchas de éstas a las Iglesias particulares, naciones o familias religiosas, extendiendo a toda la Iglesia sólo aquellas que recuerdan a santos de importancia realmente universal (SC, 111).
Fue necesario establecer sobre qué principios debía basarse la reforma de las fiestas de los Santos, con vistas a la redacción del nuevo Calendario, según el pensamiento de la Constitución sobre la sagrada Liturgia.
Esta reforma se ha basado, por tanto, sobre estos principios:
a) disminuir el número de las fiestas de devoción;
b) someter a examen crítico los datos de que disponíamos acerca de los Santos inscritos en el calendario de 1960;
c) escoger los Santos de mayor importancia;
d) reconsiderar la fecha fijada para las fiestas de cada Santo;

 


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