COMUN DE MARTIRES
 
 
 
 PRIMERAS LECTURAS FUERA DEL TIEMPO PASCUAL

I
Zacarías, a quien matasteis entre el templo y el altar

Lectura del segundo libro de las Crónicas 24, 18-22.
En aquellos días, se olvidaron del templo del Señor, Dios de sus
padres, y dieron culto a las estelas y a los ídolos. Este pecado pro­
vocó la ira de Dios sobre Judá y Jerusalén. Les envió profetas para
que se convirtiesen, pero no hicieron caso a sus amonestaciones.
Entonces el Espíritu de Dios revistió a Zacarías, hijo del sacer­
dote Yehoyadá, que se presentó ante el pueblo y le dijo:
—Esto dice el Señor: ¿Por qué no cumplís los preceptos del
Señor? Vais al fracaso. Habéis abandonado al Señor y él os aban­
donará a su vez.
Pero ellos conspiraron contra él y lo apedrearon en el atrio del
templo por orden del rey. El rey Joás, sin tener en cuenta el bien que
le había hecho Yehoyadá, mató a su hijo Zacarías, que murió di­
ciendo:
—¡Que el Señor te lo tome en cuenta!

Palabra de Dios.

II
Sufro con gusto por temor del Señor

Lectura del segundo libro de los Macabeos 6, 1 8. 21. 24-31.
En aquellos días, Eleazar era uno de los principales maestros
de la ley, hombre de edad avanzada y semblante muy digno.
Le abrían la boca a la fuerza, para que comiera carne de cerdo.
Algunos de los encargados, viejos amigos de Eleazar, movidos
por una compasión ilegítima, lo llevaron aparte y le propusieron
que hiciera traer carne permitida, preparada por él mismo, y que
la comiera haciendo como que comía la carne del sacrificio ordenado
por el rey.
El contestó:
—No es digno de mi edad ese engaño. Van a creer los jóvenes
que Eleazar a los noventa años ha apostatado, y si miento por un
poc? de vida que me queda se van a extraviar con mi mal ej emplo.
Eso sería manchar ·e infamar mi vejez. Y aunque de momento me
librase del castigo de los hombres, no me libraría de la mano del
Omnipotente, ni vivo ni muerto. Si muero ahora como un valiente,
me mostraré digno de mis años y legaré a los jóvenes un noble
ejemplo, para que aprendan a arrostrar una muerte noble y vo­
luntaria, por amor a nuestra santa y venerable ley.
Dicho esto se fue en seguida al suplicio.
Los que le llevaban, considerando insensatas las palabras que
acababa de pronunciar, cambiaron en dureza su actitud benévola
de poco antes. Pero él, a punto de morir a causa de los golpes, dijo
entre suspiros:
—Bien sabe el Señor, dueño de la ciencia santa, que, pudiendo
librarme de la muerte, aguanto en mi cuerpo los crueles dolores de
la flagelación, y que en mi alma los sufro con gusto por temor de él.
De esta manera terminó su vida, dejando no sólo a los jóvenes,
sino también a toda la nación, un ejemplo memorable de heroísmo
y de virtud.

Palabra de Dios.

III
Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres

Lectura del segundo libro de los Macabeos 7, 1-2. 9-14,
En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre.
El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer
carne de cerdo, prohibida por la ley.
El mayor de ellos habló en nombre de los demás:
—¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a
morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres.
El segundo, estando para morir, dijo:
—Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando
hayamos muerto por su ley, el rey del universo pos resucitará
para una vida eterna.
Después se divertían con el tercero. Invitado a sacar la lengua,
lo hizo en seguida y alargó las manos con gran valor. Y habló dig­
namente:
—De Dios las recibí y por sus leyes las desprecio; espero reco­
brarlas del mismo Dios.
El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven des­
preciaba los tormentos.
Cuando murió éste, torturaron de modo semejante al cuarto. Y
cuando estaba a la muerte, dijo:
—Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera
que Dios mismo nos resucitará. Tú en cambio no resucitarás para
la vida.

Palabra de Dios.

IV
Una madre admirable, que soportó con entereza
la muerte de sus hijos esperando en el Señor

Lectura del segundo libro de los Macabeos 7, l. 20-23. 27b-29.
En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El
rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer
carne de cerdo, prohibida por la ley.
Ninguno más admirable y digno de recuerdo que la madre.
Viendo morir a sus siete hijos en el espacio de un día, lo soportó
con entereza, esperando en el Señor. Con noble actitud, uniendo
un temple viril a la ternura femenina, fue animando a cada uno, y
les decía en su lengua:
—Yo no sé cómo aparecisteis en mi seno: yo no os di el aliento
ni la vida, ni formé con los elementos vuestro organismo. Fue el
Creador del universo, el que modela la raza humana y determina el
origen de todo. El, con su misericordia, os devolverá el aliento y la
vida, si ahora os sacrificáis por su ley.
Hijo mío, ten piedad de mí, que te llevé nueve meses en el seno,
te amamanté y crié tres años y te he alimentado hasta que te has
hecho un joven. Hijo mío, te lo suplico, mira el cielo y la tierra,
fíjate en todo lo que contienen y ten presente que Dios lo creó todo
de la nada, y lo mismo da el ser al hombre. No temas a ese verdugo;
ponte a la altura de tus hermanos y acepta la muerte. Así, por la
misericordia de Dios, te recobraré junto con ellos.

Palabra de Dios.

V
Los recibió como sacrificio de holocausto

Lectura del libro de la Sabiduría 3, 1-9.
La vida de los justos está en manos de Dios
y no los tocará el tormento.
La gente insensata pensaba que morían,
consideraba su tránsito como una desgracia,
su partida de entre nosotros como una destrucción;
pero ellos están en paz.
La gente pensaba que eran castigados;
pero ellos esperaban seguros la inmortalidad.
Sufrieron un poco; recibirán grandes favores,
porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí:
los probó como oro en crisol,
los recibió como sacrificio de holocausto.
El día de la cuenta resplandecerán ellos
como chispas que prenden por un cañaveral.
Gobernarán naciones, sometarán pueblos,
y su Señor reinará eternamente.
Los que en él confían conocerán la verdad
y los fieles permanecerán con él en el amor,
porque sus elegidos encontrarán gracia y misericordia.

Palabra de Dios.

VI
Me auxiliaste con tu gran misericordia

Lectura del libro del Eclesiástico 51, 1-12.
Te alabo, mi Dios y salvador;
te doy gracias, Dios de mi padre.
Contaré tu fama, refugio de mi vida,
porque me has salvado de la muerte,
detuviste mi cuerpo ante la fosa,
libraste mis pies de la garra del Abismo,
me salvaste del látigo de la lengua calumniosa
y de los labios que se pervierten con la mentira,
estuviste conmigo frente a mis rivales,
me auxiliaste con tu gran misericordia:
del lazo de los que acechan mi traspié,
del poder de los que me persiguen a muerte,
me salvaste de múltiples peligros,
del cerco apretado de las llamas,
del incendio de un fuego que no ardía,
del vientre de un océano sin agua,
de labios mentirosos e insinceros,
de las flechas de una lengua traidora.
Cuando estaba ya para morir,
y casi en lo profundo del Abismo,
me volvía a todas partes y nadie me auxiliaba;
buscaba un protector y no lo había;
recordé la compasión del Señor
y su misericordia eterna,
que libra a los que se acogen a él
y los rescata de todo mal.

Palabra de Dios.

 
 PRIMERAS LECTURAS EN TIEMPO PASCUAL

I
Señor Jesús, recibe mi espíritu

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 7, 55-60.
En aquellos días, Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada
en el cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la derecha de
Dios, y dijo:
—Veo el cielo abierto y al Hijo del Hombre de pie a la derecha
de Dios.
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y como un solo
hombre se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se
pusieron a apedrearlo. Los presentes, dejando sus capas a los pies
de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a
Esteban, que repetía esta invocación:
—Señor Jesús, recibe mi espíritu.
Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito:
—Señor, no les tengas en cuenta este pecado.
Y con estas palabras expiró.
Y Saulo aprobaba aquel asesinato.

Palabra de Dios.

II
Estos son los que vienen de la gran tribulación

Lectura del libro del Apocalipsis 7, 9- 17.
Yo, Juan, vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría
contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del
trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas
en sus manos.
Y gritaban con voz potente:
—¡La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el
trono, y del Cordero!
Y todos los ángeles que estaban alrededor del trono y de los
ancianos y de los cuatro vivientes, cayeron rostro a tierra ante el
trono, y adoraron a Dios, diciendo:
—Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acc10n
de gracias y el honor y el poder y la fuerza son de nuestro Dios,
por los siglos de los siglos. Amén.
Y uno de los ancianos me dijo:
—Esos que están vestidos con vestiduras blancas ¿quiénes son
y de dónde han venido?
Y o le respondí:
—Señor mío, tú lo sabrás.
El me respondió:
—Estos son los que vienen de la gran tribulación: han lavado
y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero.
Por eso están ante el trono de Dios dándole culto día y noche
en su templo.
El que se sienta en el trono acampará entre ellos.
Ya no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el sol ni el bo­
chorno. Porque el Cordero que está delante del trono será su pas­
tor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.
Y Dios enjugará las lágrimas de sus ojos.

Palabra de Dios.

III
No amaron tanto su vida como para rechazar la muerte

Lectura del libro del Apocalipsis 12, 10-12a.
Yo, Juan, oí una gran voz en el cielo:
«Ya llega la victoria, el poder
y el reino de nuestro Dios,
y.el mando de su Mesías.
Porque han derribado al acusador de nuestros hermanos,
al que los acusaba noche y día ante nuestro Dios:
Ellos lo vencieron con la sangre del Cordero
y con la palabra del testimonio
que dieron,
pues no amaron tanto su vida como para rechazar la muerte.
Por eso, alegraos, Cielos
y los que en ellos habitáis.»

Palabra de Dios.

IV
El que ha vencido es heredero universal

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 5-7.
El que estaba sentado en el trono dijo:
—Ahora hago el universo nuevo.
Y volvió a decirme:
—Escribe: estas palabras son verdaderas y fidedignas.
Y añadió:
—Está hecho:
Yo soy el Alfa y la Omega,
el Principio y el fin.
Los sedientos beberán de balde
de la fuente de agua viva.
El que ha vencido es heredero universal:
Yo seré su Dios y él será mi hijo.

Palabra de Dios.

 
 
 SALMOS RESPONSORIALES

I
Sal 30, 3cd-4. 6ab y 7b y Sa. 17 y 2lab

A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame. R/.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás;
yo confío en el Señor,
tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R/.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo;
en el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas. R/.

II
Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9

El Señor me libró de todas mis ansias.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor y me respondió:
me libró de todas mis ansias. R/.

Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R/.

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles, y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/.


III
Sal 123, 2-3. 4-5. 7b-8

Hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa
del cazador.

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,
cuando nos asaltaban los hombres,
nos habrían tragado vivos,
tanto ardía su ira contra nosotros. R/.

Nos habrían arrollado las aguas,
llegándonos el torrente hasta el cuello;
nos habrían llegado hasta el cuello
las aguas espumantes. R/.

La trampa se rompió y escapamos.
Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. R/.

IV
Sal 125, 1-2ab. 2cd-3. 4-5. 6

Los que sembraban con lágrimas;
cosechan entre cantares.

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares. R/.

Hasta los gentiles decían: «El Señor
ha estado grande con ellos.»
— El Señor ha estado grande con nosotros
y estamos alégres. R/.

Que el Señor cambie nuestra suerte
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas,
cosechan entre cantares. R/.

Al ir, iban llorando,
llevando la semilla;
al volver, vuelven cantando,
trayendo sus gavillas. R/.

 
 
 SEGUNDAS LECTURAS

I
Nos gloriamos en las tribulaciones

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 5, 1-5.
Hermanos:
Ya que hemos recibido la justificación por la fe,
estamos en paz con Dios,
por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Por él hemos obtenido con la fe
el acceso a esta gracia en que estamos:
y nos gloriamos apoyados en la esperanza
de la gloria de los hijos de Dios.
Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones,
sabiendo que la tribulación produce constancia,
la constancia, virtud probada,
la virtud, esperanza,
y la esperanza no defrauda,
porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones
con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Palabra de Dios.

II
Ni la muerte ni la vida podrá apartarnos del amor de Dios

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 8, 31 b-39.
Hermanos:
Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?
El que no perdonó a su propio Hijo,
sino que lo entregó a la muerte por nosotros,
¿cómo no nos dará todo con El?
¿Quién acusará a los elegidos de Dios?
Dios es el que justifica.
¿Quién condenará?
¿Será acaso Cristo que murió,
más aún, resucitó y está a la derecha de Dios,
y que intercede por nosotros?
¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?; ¿la aflicción?,
¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el
peligro?, ¿la espada?, como dice la Escritura: «Por tu causa nos
degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza.»
Pero en todo esto vencemos fácilmente por aquél que nos ha
amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles,
ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni
profundidad, ni criatura alguna, podrá apartarnos del amor de ·
Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Palabra de Dios.

III
Llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 4, 7- 15.
Hermanos:
Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que
una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.
Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan;
estamos apurados, pero no desesperados;
acosados, pero no abandonados;
nos derriban, pero no nos rematan;
en toda ocasión y por todas partes
llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús,
para que también la vida de Jesús
se maniúeste en nuestro cuerpo.
Mientras vivimos,
continuamente nos están entregando a la muerte,
por causa de Jesús;
para que también la vida ie Jesús
se manifieste en nuestra carne mortal.
Así, la muerte está actuando en nosotros,
y la vida en vosotros.
Teniendo el mismo espíritu de fe,
según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé»,
también nosotros creemos y por eso hablamos;
sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús,
también con Jesús nos resucitará
y nos hará estar con vosotros.
Todo es para vuestro bien.
Cuantos más reciban la gracia,
mayor será el agradecimiento,
para gloria de Dios.

Palabra de Dios.

IV
Somos los moribundos que están bien vivos

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 6, 4- 10.
Hermanos:
Continuamente damos prueba de que somos servidores de Dios
con lo mucho que pasamos: luchas, infortunios,. apuros, golpes,
cárceles, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer; pro­
cedemos con limpieza, saber, paciencia y amabilidad; con los dones
del Espíritu y con amor sincero, llevando el mensaje de la verdad y la
fuerza de Dios.
Con la derecha y con la izquierda empuñamos las armas de la
salvación, a través de honra y afrenta, de mala y buena fama. Somos
los impostores que dicen la verdad, los desconocidos conocidos de
sobra, los moribundos que están bien vivos, los sentenciados nunca
ajusticiados, los afligidos siempre alegres, los pobres que enrique­
cen a muchos, los necesitados que todo lo poseen.

Palabra de Dios.

V
Todo el que se proponga vivir como buen cristiano será perseguido

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 2, 8- 13; 3, 10-12.
Querido hermano:
Haz memoria de Jesucristo el Señor,
resucitado de entre los muertos,
nacido del linaje de David.
Este ha sido mi Evangelio,
por el que sufro hasta llevar cadenas,
como un malhechor.
Pero la Palabra de Dios no está encadenada.
Por eso lo aguanto todo por los elegidos,
para que ellos también alcancen la salvación,
lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna.
Es doctrina segura:
Si morimos con él, viviremos con él.
Si perseveramos, reinaremos con él.
Si lo negamos, también él nos negará.
Si somos infieles, él permanece fiel,
porque no puede negarse a sí mismo.
Tú seguiste paso a paso
mi doctrina y mi conducta,
mis planes, fe y paciencia,
mi amor fraterno
y mi aguante en las persecuciones y sufrimientos,
como aquellos que me ocurrieron
en Antioquía, Iconio y Listra.
¡Qué persecuciones padecí!
Pero de todas me libró el Señor.
Por otra parte,
todo el que se proponga vivir como buen cristiano
será perseguido.

Palabra de Dios.

VI
Soportasteis múltiples cmnbates y sufrimientos

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 32-36.
Hermanos:
Recordad aquellos días primeros, cuando recién iluminados
soportasteis múltiples combates y sufrimientos:
ya sea cuando os exponían públicamente a insultos y tormentos,
ya cuando os hacíais solidarios de los que así eran tratados.
Pues compartisteis el sufrimiento de los encarcelados,
aceptasteis con alegría que os confiscaran los bienes,
sabiendo que teníais bienes mejores, y permanentes.
No renunciéis, pues, a vuestra valentía que tendrá una gran recom-
pensa.
Os hace falta constancia para cumplir la voluntad de Dios y alcanzar
la promesa.

Palabra de Dios.

VII
Dichoso el hombre que soporta la prueba

Lectura de la carta del Apóstol Santiago 1, 2-4. 12.
Hermanos:
Que el colmo de vuestra dicha sea pasar por toda clase de
pruebas.
Sabed que al ponerse a prueba vuestra fe, os dará aguante.
Y si el aguante llega hasta el final, seréis perfectos e íntegros,
sin falta alguna.
Dichoso el hombre que soporta la prueba, porque una vez
aquilatado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido
a los que lo aman.

Palabra de Dios.

VIII
No les tengáis miedo ni os amedrentéis

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 3, 1 4- 17.
Queridos hermanos:
Dichosos vosotros si tenéis que sufrir por causa de la justicia;
no les tengáis miedo ni os amedrentéis.
Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre
prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la
pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia,
para que en aquello mismo en que sois calumniados queden con­
fundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que
mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que
padecer haciendo el mal.

Palabra de Dios.

IX
Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 4, 12-19.
Queridos hermanos:
No os extrañéis de ese fuego abrasador que os pone a prueba
como si os sucediera algo extraordinario.
Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo,
para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis de gozo.
Si os ultrajan por el nombre de Cristo dichosos vosotros, por­
que el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vos­
otros.
Que ninguno de vosotros tenga que sufrir por homicida, ladrón,
malhechor o entrometido.
Pero si sufre por ser cristiano que no se avergüence, que dé
gloria a Dios por este nombre.
Ha llegado el momento de que el juicio empiece por la casa de
Dios: y si nosotros somos los primeros, ¿cuál será el final de los que
no han obedecido al Evangelio de Dios? Si el justo, a duras penas,
se salva, ¿qué sucederá con el impío y pecador?
En consecuencia,. los que padecen por designio de Dios practi­
quen el bien y pónganse en manos del Creador, que es fiel.

Palabra de Dios.

X
La victoria que derrotó al mundo es precisamente nuestra fe

Lectura de la primera carta del Apóstol San Juan 5, 1-5.
Queridos hermanos:
Todo el que cree que Jesús es el Cristo
ha nacido de Dios;
y todo el que ama a Aquel que da el ser,
ama también al que ha nacido de El.
En esto conocemos
que amamos a los hijos de Dios:
si amamos a Dios
y cumplimos sus mandamientos.
Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo.
Y ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe; porque,
¿quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el
Hijo de Dios?

Palabra de Dios.

 
 
 ALELUYAS Y VERSÍCULOS

I
Mt 5, 10

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.

II
2 Cor 1, 3b-4a

Bendito sea el Padre de las misericordias
y Dios de toda consolación,
que nos consuela en todas nuestras tribulaciones.

III
Sant 1, 12

Dichoso el hombre que soporta la prueba,
porque una vez aquilatado
recibirá la corona de la vida.

IV
1 Pd 4, 14

Dichosos vosotros,
si sois injuriados por el nombre de Cristo,
pues el Espíritu de Dios reposa sobre vosotros.

V

A ti, oh Dios, te alabamos;
a ti, Señor, te reconocemos:
Te ensalza, Señor,
la brillante muchedumbre de los mártires.

 
 
 EVANGELIOS

I
Os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa; así daréis testimonio
ante ellos y ante los gentiles

+ Lectura del santo Evangelio según San Mateo 10, 17-22.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
—No os fiéis de la gente: porque os entregarán a los tribuna­
les, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gober­
nadores y reyes por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y
ante los gentiles.
Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir
o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis
que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro
Padre hablará por vosotros.
Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten,
los padres a los hijos, se rebelarán los hijos contra sus padres,
y los matarán.
Todos os odiarán por mi nombre: el que persevere hasta el
final, se salvará.

Palabra del Señor.

II
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo

+ Lectura del santo Evangelio según San Mateo 10, 28-330
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
—No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden
matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma
y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos?
Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro
Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados.
Por eso, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y
los gorriones.
Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me
pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante
los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.

Palabra del Señor.

III
No he venido a sembrar paz, sino espadas

+ Lectura del santo Evangelio según San Mateo 10, 34-39.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
—No penséis que he venido a la tierra a sembrar paz: no he
venido a sembrar paz, sino espadas. He venido a enemistar al
hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su
suegra; los enemigos de cada uno serán los de su propia casa.
El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno
de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno
de mí; y el que no coge su cruz y me sigue, no es digno de mí. El que
encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la
encontrará.

Palabra del Señor.

IV
El que pierda su vida por mi causa, la salvará

+ Lectura del santo Evangelio según San Lucas 9, 23-26.
En aquel tiempo, dirigiéndose a todos, dijo Jesús:
—El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue
con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar
su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la
salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde
o se perjudica a sí mismo? Quien se avergüence de mí y de mis
palabras, también el Hijo del Hombre se avergonzará de él cuando
venga con su gloria, con la del Padre y la de los ángeles santos.

Palabra del Señor.

V
Si el grano de trigo muere, da mucho fruto

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan 12, 24-26.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere
queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama
a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo,
se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me
siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me
sirva, el Padre le premiará.

Palabra del Señor.

VI
Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan 15, 18-21.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que
a vosotros.
Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya;
pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos
del mundo, por eso el mundo os odia.
Recordad lo que os dije: No es el siervo más que su amo. Si
a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si
han guardado mi Palabra, también guardarán la vuestra.
Y todo eso lo harán con vo-sotros a causa de mi nombre, porque
no conocen al que me envió.

Palabra del Señor.

VII
El mundo los ha odiado

+ Lectura del santo Evangelio según San Juan 17, 11b-19.
En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, Jesús oró, diciendo:
Padre Santo,
guárdalos en tu nombre a los que me has dado,
para que sean uno, como nosotros.
Cuando estaba con ellos,
yo guardaba en tu nombre a los que p:1e diste,
y los custodiaba;
y ninguno de ellos se perdió,
sino el hijo de la perdición,
para que se cumpliera la Escritura.
Ahora voy a ti,
y digo esto en el mundo
para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida.
Y o les he dado tu palabra,
y el mundo los ha odiado porque no son del mundo,
como tampoco yo soy del mundo.
No ruego que los retires del mundo,
sino que los guardes del mal.
No son del mundo,
como tampoco yo soy del mundo.
Santifícalos en la verdad;
tu palabra es verdad.
Como tú me enviaste al mundo,
así los envío yo también al mundo.
Y por ellos me consagro yo,
para que también se consagren ellos en la verdad.

Palabra del Señor.