COMUN DE DOCTORES DE LA IGLESIA
 
 
 
 PRIMERAS LECTURAS FUERA DEL TIEMPO PASCUAL

I
Te daré un corazón sabio y prudente

Lectura del primer libro de los Reyes 3, 11 -14.
En aquellos días, dijo el Señor a Salomón :
— Por haber pedido esto, y no una vida larga, ni riquezas, ni la
muerte de tus enemigos, sino inteligencia para acertar en el gobierno,
te daré lo que has pedido : un corazón sabio y prudente, como no lo
ha habido antes de ti ni lo habrá después de ti. Y te daré también lo
que no has pedido : riquezas y fama mayores que las de rey alguno.
Y si caminas por mis sendas, guardando mis preceptos y mandatos,
como hizo tu padre David, te daré larga vida.

Palabra de Dios.

II
Preferí la sabiduría a la salud y a la belleza

Lectura del libro de la Sabiduría 7, 7-10. 15-16.
Supliqué y se me concedió la prudencia,
invoqué y vino a mí un espíritu de sabiduría.
La preferí a los cetros y a los tronos,
y en su comparación tuve en nada la riqueza.
No le equiparé la piedra más preciosa,
porque todo el oro a su lado es un poco de arena,
y junto a ella la plata vale lo que el barro.
La preferí a la salud y a la belleza,
me propuse tenerla por luz,
porque su resplandor no tiene ocaso.
Todos los bienes juntos me vinieron con ella,
había en sus manos riquezas incontables.
Concédame Dios hablar juiciosamente
y pensar dignamente de los dones recibidos,
porque él es quien guía a la Sabiduría
y quien dirige a los sabios.
Porque en sus manos estamos nosotros y nuestras palabras
y toda la prudencia y destreza de nuestras obras.

Palabra de Dios.

III
Le llenará de espíritu de sabiduría e inteligencia

Lectura del libro del Eclesiástico 15, 1-6.
El que teme al Señor obrará el bien;
observando la ley alcanzará la sabiduría.
Ella le saldrá al encuentro como una madre
y lo recibirá como la esposa de la juventud;
lo alimentará con pan de sensatez
y le dará a beber agua de prudencia;
apoyado en ella no vacilará
y confiado en ella no fracasará;
lo ensalzará sobre sus compañeros
para que abra la boca en la asamblea;
alcanzará gozo y alegría,
le dará un nombre perdurable.

Palabra de Dios.

IV
Le llenará de espíritu de inteligencia

Lectura del libro del Eclesiástico 39, 8- 14.
Si el Señor lo quiere,
él se llenará de espíritu de inteligencia;
Dios le hará derramar sabias palabras,
y él confesará al Señor en su oración;
Dios guiará sus consejos prudentes,
y él meditará sus misterios;
Dios le comunicará su doctrina y enseñanza,
y él se gloriará de la ley del Altísimo..
Muchos alabarán su inteligencia,
que no perecerá jamás;
nunca faltará su recuerdo,
y su fama vivirá por generaciones;
los pueblos contarán su sabiduría,
y la asamblea anunciará su alabanza.

Palabra de Dios.
 
 PRIMERAS LECTURAS EN TIEMPO PASCUAL 

I
Dios lo ha constituido Señor y Mesías

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 2, 14a. 22-24. 32-36.
El día de Pentecostés se presentó Pedro con los Once, levantó
la voz y dirigió la palabra:
— Escuchadme, israelitas: Os hablo de Jesús Nazareno, el hom­
bre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los mi­
lagros, signos y prodigios que conocéis. Conforme al plan previsto
y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de
paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó rompiendo
las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera
bajo su dominio.
Pues bien, Dios resucitó a este Jesús y todos nosotros somos
testigos. Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido el Es­
píritu Santo que el Padre había prometido, y lo ha derramado. Esto
es lo que estáis viendo y oyendo. David no ha subido al cielo, y,
sin embargo, dice:
«Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi derecha
y haré de tus enemigos estrado de tus pies.»
Por lo tanto, todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a
quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías.

Palabra de Dios. 

II
Dios ha cumplido la promesa, resucitando a Jesús

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 13, 26-33.
En aquellos días, habiendo llegado Pablo a Antioquía de Pisidia
decía en la sinagoga:
—Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis
a Dios: a vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación. Los
habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús
ni entendieron las profecías que se leen los sábados, pero las cum­
plieron al condenarlo. Aunque no encontraron nada que mereciera
la muerte, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar. Y cuando
cumplieron todo lo que estaba escrito· de él, lo bajaron del madero
y lo enterraron. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Durante
muchos días se apareció a los que lo habían acompañado de Galilea
a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo. Nosotros
os anunciamos que la promesa que Dios hizo a nuestros padres,
nos la ha cumplido a los hijos resucitando a Jesús. Así está escrito
en el salmo segundo:
«Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.»

Palabra de Dios.

 
 SALMOS RESPONSORIALES
 

I
Sal 18, 8. 9. 10. 11

Los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos
o
Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

 

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R/.

 

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

 

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R/.

 

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R/.

II
Sal 36, 3-4. 5-6. 30-31

La boca del justo expone la sabiduría.

 

Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón. R/.

 

Encomienda tu camino al Señor;
confía en él, y él actuará:
hará tu justicia como el amanecer;
tu derecho, como el mediodía.R/.

 

La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el derecho:
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no vacilan.R/.

 

III
Sal 118, 9. 10. 11. 12. 13. 14

Enséñame, Señor, tus leyes.

 

¿Cómo podrá un joven andar honestamente?
Cumpliendo tus palabras.R/.

 

Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos.R/.

 

En mi corazón escondo tus consignas,
así no pecaré contra ti.R/.

 

Bendito eres, Señor;
enséñame tus leyes.R/.

 

Mis labios van enumerando
los mandamientos de tu boca.R/.

 

Mi alegría es el camino de tus preceptos
más que tódas las riquezas.R/.

 

 SEGUNDAS LECTURAS
  

I
Quiso Dios valerse de la necedad de la predicación para salvar a los creyentes

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 1, 18-25.
Hermanos:
El mensaje de la cruz es necedad
para los que están en vías de perdición;
pero para los que están en vías de salvación
—para nosotros— es fuerza de Dios.
Dice la Escritura:
«Destruiré la sabiduría de los sabios,
frustraré la sagacidad de los sagaces.»
¿Dónde está el sabio?
¿Dónde está el letrado?
¿Dónde está el sofista de nuestros tiempos?
¿No ha convertido Dios en necedad
la sabiduría del mundo?
Y como en la sabiduría de Dios, el mundo no lo conoció por el
camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de
la predicación,
para salvar a los creyentes.
Porque los judíos exigen signos,
los griegos buscan sabiduría;
pero nosotros predicamos a Cristo crucificado:
escándalo para los judíos,
necedad para los griegos;
pero para los llamados a Cristo —judíos o griegos—:
fuerza de Dios
y sabiduría de Dios.
Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres;
y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Palabra de Dios.

II
Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 2, 1-10a.
Hermanos:
Cuando vine a vosotros a anunciaros el testimonio de Dios, no
lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre
vosotros me precié de saber co.sa alguna, sino a Jesucristo, y éste
crucificado.
Me presenté a vosotros débil y temeroso; mi palabra y mi
predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la
manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se
apoye en la sabiduda de los hombres, sino en el poder de Dios.
Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este
mundo ni de los príncipes de este mundo, que quedan desvane­
cidos, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escon­
dida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.
Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido, pues
si la hubiesen conocido, nunca habieran crucificado al Señor de
la gloria.
Sino como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre
puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.»
Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu.

Palabra de Dios.

III
Nosotros tenemos la mente de Cristo

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 2, 10b-16.
Hermanos:
El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios. ¿Quién
conoce lo íntimo del hombre sino el espíritu del hombre, que
está dentro de él? Pues lo mismo, lo íntimo de Dios lo conoce sólo
el Espíritu de Dios. Y nosotros hemos recibido un Espíritu que
no es del mundo, es el Espíritu que viene de Dios, para que tomemos
conciencia de los dones que de Dios recibimos.
Cuando explicamos verdades espirituales a hombres de espíritu
no las exponemos en el lenguaje que enseña el saber humano, sino
en el que enseña el Espíritu. A nivel humano uno no capta lo que
es propio del Espíritu de Dios, le parece una locura; no es capaz de
percibirlo porque sólo se puede juzgar con el criterio del Espíritu.
En cambio, el hombre de espíritu tiene un criterio para juzgarlo
todo, mientras él no está sujeto al juicio de nadie. «¿Quién conoce
la mente del Señor para poder instruirlo?» Pues bien, nosotros
tenemos la mente de Cristo.

Palabra de Dios.

IV
Anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 3, 8-12.
Hermanos:
A mí, el más insignificante de todo el pueblo sant:o, se me ha dado
esta grana:
anunciar a los gentiles la riqueza insondable que es Cristo;
e iluminar la realización del misterio,
es condido desde el principio de los siglos en Dios, creador de
todo.
Así, mediante la Iglesia,
los Principados y Potestades en los cielos conocen ahora
la multiforme sabiduría de Dios;
según el designio eterno,
realizado en Cristo Jesús, Señor Nuestro,
en quien tenemos libre y confiado acceso a Dios por la fe en él.

Palabra de Dios.

V
A cada uno se le ha dado la gracia en función de su ministerio y
para la edificación del cuerpo de Cristo

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 4, 1-7. 11-13.
Hermanos:
Yo, el prisionero por Cristo, os ruego que andéis
la vocación a la que habéis sido convocados.
Sed siempre humildes y amables, sed comprensivos;
sobrellevaos mutuamente con amor;
esforzaos en mantener la unidad del Espíritu,
con el vínculo de la paz.
Un solo cuerpo y un solo Espíritu,
como una sola es la ·meta de la esperanza
en la vocación a la que habéis sido convocados.
Un Señor, una fe, un bautismo.
Un Dios, Padre de todo,
que lo trasciende todo,
y lo penetra todo,
y lo invade todo.
Pero cada uno hemos recibido la gracia
en la medida en que Cristo nos la ha dado.
Cristo ha constituido a unos, apóstoles,
a otros, profetas,
a otros, evangelistas,
a otros, pastores y doctores,
como pide
para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio,
y para la edificación del cuerpo de Cristo;
hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conoci­
miento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de
Cristo
en su plenitud.

Palabra de Dios.

VI
Guarda este tesoro con la ayuda del Espíritu Santo

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 1, 13-14; 2, 1-3.
Querido hermano:
Ten delante la visión que yo te di con mis palabras sensatas, y
vive con fe y amor cristiano.
Guarda este tesoro con la ayuda del Espíritu Santo que habita en
nosotros.
Saca fuerzas de la gracia de Cristo Jesús,
y lo que me oíste decir, garantizado por muchos testigos,
confíalo a hombres fieles,
capaces, a su vez, de enseñar a otros.
Toma parte en los trabajos como buen soldado de Cristo Jesús.

Palabra de Dios.


VII
Cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu servicio

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 4, 1-5.
Querido hermano:
Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos,
te conjuro por su venida en maj estad:
Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo,
reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir.
Porque vendrá un tiempo en que la gente no soportará la doctrina
sana,
sino que, para halagarse el oído,
se rodearán de maestros a la medida de sus deseos;
y, apartando el oído de la verdad, se volverán a las fábulas.
Tú estate siempre alerta: soporta lo adverso,
cumple tu tarea de evangelizador, desempeña tu servicio.

Palabra de Dios.

 
 ALELUYAS Y VERSÍCULOS
 

I
Mt 5, 16

Alumbre así vuestra luz a los hombres,
para que vean vuestras buenas obras
y den gloria a vuestro Padre. 

II
1 Cor 1, 18

El mensaje de la cruz es necedad
para los que están en vías de perdición;
pero para los que están en vías de salvación
es fuerza de Dios.

III
1 Cor 2, 7

Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa,
predestinada por Dios antes de los siglos
para nuestra gloria.

IV

La semilla es la palabra de Dios;
el sembrador, Cristo;
todo el que le encuentra
permanecerá para siempre.

 
 EVANGELIOS
 

I
Vosotros sois la luz del mundo

+ Lectura del santo Evangelio según San Mateo 5, 13-16.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa,
¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad
puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín,
sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras
buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.

Palabra del Señor.

II
No os dejéis llamar maestro, porque uno sólo es vuestro maestro, Cristo

+ Lectura del santo Evangelio según San Mateo 23, 8-12.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—Vosotros no os dejéis llamar maestro, porque uno sólo es
vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno sólo
es vuestro padre, el del cielo.
No os dej éis llamar jefes, porque uno sólo es vuestro Señor,
Cristo.
El primero entre vosotros será vuestro servidor.
El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será
enaltecido.

Palabra del Señor. 

III
Salió el sembrador a sembrar
El texto entre [] puede suprimirse por razones pastorales
 

+ Lectura del santo Evangelio según San Marcos 4, 1- 10. 13-20.
En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago.
Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca; se
sentó y el gentío se quedó en la orilla. Les enseñó mucho rato con
parábolas, como él solía enseñar:
Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó
al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco
cayó en terreno pedregoso, donde apenas había tierra; como la tierra
no era profunda, brotó en seguida; pero en cuanto salió el sol, se
abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas: las
zarzas crecieron, lo ahogaron y no dio grano. El resto cayó en tierra
buena: nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del
sesenta o del ciento por uno.
Y añadió: El que tenga oídos para oír que oiga.
[Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor y los Doce le
preguntaban el sentido de las parábolas.
Y añadió:
—¿No entendéis esta parábola? ¿Pues cómo vais a entender las
demás? El sembrador siembra la Palabra. Hay unos que están al
borde del camino donde se siembra la Palabra; pero en cuanto la
escuchan, viene Satanás y se lleva la Palabra sembrada en ellos. Hay
otros que reciben la simiente como terreno pedregoso; al escucharla
la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes, y
cuando viene una dificultad o persecución por la Palabra, en seguida
sucumben. Hay otros que reciben la simiente entre zarzas: éstos
son los que escuchan la Palabra; pero los afanes de la vida, la seduc­
ción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, aho­
gan la Palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben
la simiente en tierra buena: escuchan la Palabra, la aceptan y dan
una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno.]

Palabra del Señor.

Usted está aquí: Inicio Año Litúrgico Leccionario LECCIONARIO - COMUNES COMUN DE DOCTORES DE LA IGLESIA